He invitado a algunos artistas a colaborar con mi investigación para el proyecto Cultura & Resiliencia, que celebra a aquellos que preservan y renuevan tradiciones centenarias. Es en este camino donde encontramos músicos extraordinarios, cuya pasión por el arte es tan intensa como la generosidad de compartirla con el mundo. Pancho Álvarez es uno de esos talentos raros: un virtuoso gallego que, con sus manos, carga siglos de historia y transforma cada nota en un puente vivo entre culturas y generaciones.
Nacido en Porriño, Pancho comenzó a tocar la guitarra a los diez años junto a sus hermanos. Además, estudió solfeo y violín en el Conservatorio de Vigo, y muy pronto se sumergió en el universo de la música tradicional. En el grupo Na Lúa fue bajista, luego violinista, arreglista y compositor. Durante quince años, ayudó a moldear el sonido que llevaría a Galicia ante públicos de la Península Ibérica, América del Sur, Europa… y mucho más allá.
De Na Lúa à las grandes turnês mundiais
En los años 90 vivió la etapa con Matto Congrio y Tres, y a partir de 1995 inició grandes giras junto a Carlos Núñez. Fueron escenarios como el Carnegie Hall y la Ópera de Sídney, bouzouki en mano, y la certeza de que la música gallega podía emocionar incluso a quienes nunca habían oído hablar de gaitas o panderetas.
En la entrevista, Pancho habla con entusiasmo de cómo la música tradicional resiste incluso en tiempos de crisis, apoyada por décadas de recopilación e investigación que han convertido canciones rurales en patrimonio vivo. Reconoce que, fuera de España, muchas veces es necesario “ubicar” al público:
“No es fácil salir de la península diciendo que vienes de un país, Galicia, donde no hay corridas de toros ni flamenco, sino gaitas. Eso no se entiende bien, no se asimila. Pero, una vez que se les sitúa musicalmente y con los comentarios oportunos, la gente se va con la sensación de haber descubierto algo maravilloso.”
Resgatando vozes e memórias esquecidas
La trayectoria de Pancho Álvarez está también marcada por un profundo compromiso con el rescate de repertorios olvidados. El ejemplo más emocionante es su homenaje a Florencio, el ciego de los Vilares, un violinista tradicional al que Pancho convirtió en referencia para toda una nueva generación. Grabó un disco con su repertorio y recientemente finalizó un documental que mantiene viva esa voz —y ese violín— para que nunca se pierdan.
“En el caso de la música gallega, pienso que está en un momento muy importante. La herencia acumulada, sobre todo en el medio rural, es enorme y está dando lugar a un entorno más urbano, como reflejo del cambio social que está ocurriendo en Galicia.”
Cuando le pregunto qué consejo daría a otros músicos en tiempos difíciles, Pancho recuerda que cada uno debe encontrar su propio camino:
“Pero mi experiencia me ha enseñado a apostar por lo auténtico, a conocerlo, investigarlo, amarlo… cada uno debe sacar sus propias conclusiones.
El camino puede ser muy largo, pero también muy satisfactorio y generoso.”
Pancho Álvarez nos recuerda que la música no es solo sonido: es memoria, identidad y resistencia. En cada acorde suyo, Galicia respira, late, cruza fronteras y llega a muchos lugares.

Texto: Priscilla Novaes
📍 Entrevista realizada no projeto Cultura & Resiliência — Julho de 2025
